Este miércoles, la ciudad de Faro, en el Algarve portugués, ha sido escenario de la 35ª cumbre bilateral entre España y Portugal, un encuentro que ha cobrado especial relevancia debido a los temas centrales en la agenda: el avance en las conexiones de alta velocidad ferroviaria y la gestión de los caudales de los ríos compartidos, como el Guadiana y el Tajo. Este encuentro marca la primera cumbre ibérica para el nuevo primer ministro portugués, Luís Montenegro, quien asume el liderazgo del Gobierno tras suceder a António Costa.
La cita anual entre ambos países no solo busca reforzar las relaciones diplomáticas y económicas entre las dos naciones vecinas, sino que también está enfocada en proyectos de infraestructura clave que podrían tener un impacto considerable en el desarrollo de las conexiones transfronterizas y en la sostenibilidad de los recursos naturales compartidos.
Uno de los temas más destacados en la cumbre ha sido la necesidad de acelerar el proyecto de alta velocidad entre Lisboa y Madrid, las dos capitales europeas que, hasta la fecha, se encuentran entre las peor comunicadas por tren en todo el continente. La conexión ferroviaria entre ambas ciudades es una de las prioridades del Gobierno portugués, especialmente de cara a la descarbonización y la reducción del tráfico aéreo entre las dos capitales, que registra aproximadamente 1,5 millones de pasajeros anualmente.
El primer tramo de la línea de alta velocidad en suelo portugués ya está en funcionamiento, con 90 kilómetros que conectan Évora con la frontera española en Badajoz. En España, el proyecto de alta velocidad avanza con la construcción de la línea Badajoz-Plasencia, que debe extenderse hasta Talavera de la Reina y, finalmente, Madrid. Este tramo es clave para que ambos países puedan avanzar hacia una mayor integración ferroviaria, una cuestión que cobra aún más importancia debido al próximo Mundial de Fútbol de 2030, que España y Portugal coorganizarán junto con Marruecos. El objetivo es que esta infraestructura esté terminada antes de la cita deportiva internacional.
Además de la línea entre las dos capitales, otra de las prioridades es la construcción del eje atlántico de alta velocidad que conectará Oporto y Vigo, con el horizonte puesto en 2032. Esta conexión reducirá el tiempo de viaje entre ambas ciudades a tan solo 50 minutos, lo que representa una importante mejora para la movilidad en la región del noroeste de la península ibérica. Galicia ha presionado al Estado portugués para que acelere los trabajos en este tramo, que también es visto como una prioridad por el Gobierno español.
En este contexto, la cumbre luso-española es una oportunidad para garantizar el compromiso y la financiación necesaria por parte de ambos Estados para completar estos proyectos de infraestructura. A pesar de las dificultades presupuestarias, tanto España como Portugal han mostrado su voluntad de seguir impulsando estas conexiones, que no solo mejorarían el transporte de pasajeros, sino que también reforzarían el intercambio comercial y económico en las regiones fronterizas.
Las infraestructuras de conexión no se limitan solo al ferrocarril. Durante la cumbre, Portugal también ha planteado la ampliación de las autovías transfronterizas, que actualmente suman cinco conexiones entre los dos países. Entre los nuevos tramos propuestos se encuentran la construcción de una autovía que conecte Quintanilla, en Portugal, con la provincia de Zamora, una conexión clave para el norte portugués y la ciudad de Oporto. Otro tramo importante es la conexión entre Castelo Branco, en el centro de Portugal, y la localidad extremeña de Plasencia.
Además, se ha acordado la construcción de dos nuevos puentes internacionales. Uno de ellos unirá las localidades de Nisa (Portugal) y Cedillo (España), en Extremadura, reduciendo significativamente la distancia entre ambas comunidades, que actualmente deben recorrer casi 100 kilómetros para cruzar la frontera. Con la nueva infraestructura, la distancia entre ambas localidades se reducirá a solo 13 kilómetros. El segundo puente proyectado conectará Sanlúcar de Guadiana, en la provincia de Huelva, con Alcoutim, en el Algarve, respondiendo a una demanda histórica de la zona por mejorar las conexiones transfronterizas.
Además de las infraestructuras, otro de los temas centrales en esta cumbre ha sido la gestión de los recursos hídricos compartidos, en particular los ríos Tajo y Guadiana. Las prolongadas sequías que afectan a la península ibérica han aumentado la urgencia de establecer nuevos acuerdos sobre la regulación de los caudales mínimos ecológicos y la salinización en las desembocaduras, especialmente en los estuarios. Ambas naciones comparten la preocupación por la preservación de los recursos acuáticos y buscan mecanismos que permitan garantizar el suministro sostenible de agua.
Uno de los puntos clave de las negociaciones es establecer un régimen de gestión que permita respetar los caudales ecológicos, asegurar la calidad del agua y penalizar las tomas ilegales, como las que se han registrado en el embalse de Alqueva, el mayor de Europa occidental. La preservación de estos recursos es vital tanto para los ecosistemas locales como para las economías agrícolas que dependen del agua en ambas naciones.
La cumbre luso-española ha vuelto a subrayar la importancia de la cooperación entre ambos países en cuestiones fundamentales como el transporte, la movilidad transfronteriza y la gestión sostenible de los recursos hídricos. A pesar de las diferencias políticas entre los dos gobiernos, los compromisos alcanzados en esta cumbre son un paso importante hacia la mejora de las infraestructuras y la sostenibilidad en la península ibérica. Los proyectos acordados tendrán un impacto duradero en las relaciones bilaterales y en el desarrollo económico de ambas naciones.